Drake (drake15) wrote,
Drake
drake15

Halcyon [1/2]

No permito que mis traducciones sean publicadas en ninguna otra página, así que por favor no las utilices ni las adaptes.



(Masterlist)

Hola hola, luego de casi un mes sin novedades les traigo un nuevo fic Baekyeol. c:
Es larguito y, debido al límite de caracteres de LJ, está dividido en dos partes. Así que bueno, no hay mucho más para agregar. Ojalá lo disfruten y no lloren mucho (?) Si les gusta dejen algún comentario, compartan el link o ambas cosas 8DD
Pongo los links de mi Twitter, Tumblr y Ask por si desean contactarme por alguno de esos medios. Un saludo a todos y gracias por leer :D

Título: Halcyon
Autora: Chr0meHearts
Género: Romance, Angst
Idioma original: inglés
Fanfic original: click aquí
Traductor: Drake15
Palabras: ~11950






H a l c y o n
La vida es delicada





Un suspiro silencioso escapó de la boca abierta de Chanyeol mientras permanecía de pie, con su espalda apoyada contra el liso muro de concreto de la estación de trenes. La plataforma estaba llena de vida; la gente andaba con prisa por doquier con sus maletines en mano mientras levantaban la vista hacia el reloj mostrado en la pared y, justo a su lado, la hora estimada de arribo del tren.

Frunciendo el ceño, Chanyeol apretó sus labios en una fina línea y sacudió la cabeza; su tupida mata de cabello caoba le había bloqueado la visión. Se resistió a la urgencia de poner los ojos en blanco y chasqueó la lengua contra su paladar.

Deseaba que la gente anduviera con más calma: que disfrutaran la vida por lo que era, que vivieran un poco, que se tomaran las cosas como vinieran, no que se apresuraran a todos lados con la mirada fija en el suelo. Así la gente se perdía de la belleza que la vida tenía para ofrecerles. Todas las pequeñas cosas que los podrían hacer sonreír se habrían ido, sin que siquiera lo hubieran notado.

Chanyeol se apartó el cabello oscuro de los ojos volteando rápidamente la cabeza. Al relajarse, sus hombros bajaron mientras se alisaba su remera de mezclilla. Con un suave empujón se apartó de la pared de ladrillos y comenzó a avanzar con lentitud hacia la plataforma, observando a la gente a su alrededor que se abría paso dando empujones.

En la cima de una plataforma se encontraba sentado un pequeño muchacho con una camiseta sencilla de algodón; llevaba su cabello de color café peinado hacia un lado y tenía un paraguas de plástico sujeto con fuerza en sus pequeñas manos. Echando un vistazo al cielo color aciano, Chanyeol dejó salir una risita: ¡no había ni una sola nube a la vista!

Aquel hombre era ciertamente un personaje. La forma en la que se sujetaba al paraguas, girándolo una y otra vez en sus manos como si su vida dependiera de él… ¿Tal vez estaba sosteniéndolo para alguien? O quizá estaba preparado para lo inesperado. Chanyeol no estaba seguro del motivo, pero sintió que una pequeña sonrisa se le dibujaba en el rostro.

El chillido del silbato del tren atrapó su atención y levantó la mirada: el vehículo acababa de entrar a la estación y sus ruedas chirriaron con fuerza contra los rieles mientras se resistían a los frenos. Los ocupantes de la plataforma se empujaron entre sí tratando de alinearse con las puertas automáticas.

Otro suave suspiro escapó de los labios de Chanyeol mientras se abría paso hasta el borde de la plataforma, y se encontró en la parte de atrás de una gran masa de gente, cada uno rebotando con impaciencia sobre sus pies, con sus cuellos estirados en un intento por hallar un asiento vacío.

Finalmente Chanyeol consiguió ingresar al tren y se las arregló para encontrarse un asiento junto a la ventana. Dejando su morral en el lugar libre a su lado, miró a través del cristal mientras el tren comenzaba a moverse; el hermoso paisaje urbano de Seúl, la ciudad que nunca descansa, pasaba con rapidez.

Una garganta se aclaró junto a él suavemente, apenas lo suficientemente fuerte como para que Chanyeol la oyera. Con lentitud apartó la mirada de la ventana y se encontró cara a cara el muchacho vestido con una camiseta suelta de algodón; aún tenía sujeto con firmeza el paraguas. Gesticulando rápidamente hacia el asiento junto a Chanyeol, ocupado con su bolso, el extraño inclinó hacia un lado su cabeza.

—Perdona —dijo—, pero ¿te importaría?

Chanyeol sacudió la cabeza y deslizó con presteza su morral desde el asiento a su lado hacia su regazo. Agradecido, el desconocido se sentó, deslizó su paraguas de plástico bajo sus pies y ambos, tras intercambiar un último vistazo, no pronunciaron una palabra más. En su lugar miraron hacia ventanas opuestas, determinados a no prestarle atención al otro.

El viaje en tren había durado ya más de una hora y la mayoría de los pasajeros del vagón se habían bajado. Aun así Chanyeol seguía allí, con su vista fija en la ventana, y el chico, callado, a su lado.

Algo le tocó con suavidad el hombro; Chanyeol apartó la mirada del paisaje campestre. A su lado, el muchacho se había dormido con la cabeza descansando ligeramente contra él. Una pequeña sonrisa se le dibujó en el rostro mientras le apartaba con gentileza al otro el despeinado flequillo de sus ojos.

Chanyeol contempló al chico durmiente junto a él por un breve instante antes de fruncir el ceño. ¿Y si se despertaba y lo descubría viéndolo? Aquello no terminaría bien. Rompiendo el contacto visual se reacomodó en su asiento cuidadosamente, para no interrumpir el descanso del otro. Se volteó para mirar una vez más fuera de la ventana, sacudiendo la cabeza y con la sonrisa aún en su rostro, cuando algo atrajo su mirada.

Un papel, o al menos lo que quedaba de él: el chico lo había estado girando en sus manos una y otra vez hasta volverlo muy abollado. Su agarre se había aflojado considerablemente en su estado de inconsciencia, y estaba amenazando con caérsele de los dedos hacia el suelo del vagón.

Sin pensarlo Chanyeol tomó el papel, lo desenrolló con cuidado y alisó la arrugada superficie sobre su rodilla. Lo repasó con la vista y suspiró, pensativo.

Ir a un parque de diversiones.
Ver la puesta de sol desde arriba de una rueda de la fortuna.
Hacerme amigo de un completo extraño.


Juntó las cejas mientras continuaba recorriendo la página; había demasiadas cosas en la lista pero sólo unas pocas, algo extrañas, llamaron su atención. Eran cosas normales, cosas que cualquier persona habría hecho al menos una vez en su vida.

Comer una comida casera.
Hacer que alguien sonría.
Comprar un cuadro para el pasillo.
Sorprender a alguien.
Enamorarme.


Los ojos de Chanyeol se abrieron al comprender lo que estaba leyendo: era una lista de cosas pendientes. Qué extraño. Sin pensar, su mano libre rebuscó en su morral y regresó unos momentos más tarde con un bolígrafo. Lo destapó y sostuvo el papel arrugado contra la ventana del tren; escribió su número de teléfono… y una promesa.

—Te ayudaré con tu lista —murmuró débilmente, metiéndose el bolígrafo en un bolsillo de su abrigo.

Dobló con rapidez las esquinas de la hoja, las giró hacia un lado, luego hacia abajo, y así hasta que una pequeña grulla de papel quedó descansando en la palma de su mano. Lucía maltratada y ni cerca de elegante, pero seguramente haría al extraño sonreír cuando la viera. Sí, pensó Chanyeol; qué agradable forma de despertarse.

Mirando una vez más por la ventana, se dio cuenta de que estaba más y más cerca de la pequeña estación rural en el pueblo donde su hermana vivía. Chanyeol se puso cuidadosamente de pie posando una mano en el hombro del extraño, asegurándose de que el otro mantuviera el equilibrio mientras lo hacía.

Una pequeña sonrisa le cruzó el rostro mientras le daba la espalda a la durmiente forma del chico; el campo a su alrededor disminuyó la velocidad mientras el tren se detenía; las puertas automáticas se deslizaron y se abrieron. Le echó un último vistazo y se bajó del tren. Extrajo el teléfono de su bolsillo y lo volteó en la palma de su mano.

No tenía la menor esperanza de que el extraño lo contactara, y sabía que, si hubiera sido él quien se quedara dormido y se despertara para encontrarse con un número de teléfono escrito en su lista, ni siquiera lo habría considerado. Pero, decidió Chanyeol, si el extraño lo llegaba a contactar mantendría con gusto su promesa.





Chanyeol no había esperado que le enviara un mensaje de texto. No exactamente. Pero en algún profundo lugar, enterrado bajo su orgullo y expectativas, había un pequeño destello de esperanza; un pequeño anhelo de que aquel extraño guardara su número, tal vez incluso que lo memorizara. Y si lo hacía… Chanyeol esperaba que lo contactara. No le importaba cuánto tiempo le llevara mientras que lo hiciera.

El extraño no tenía por qué llamar si eso lo hacía sentir incómodo; un simple «Hey, recibí tu mensaje. ¡Gracias por tu oferta!» habría bastado. Y eso fue exactamente lo que Chanyeol obtuvo. Bueno, más o menos.

«¿De verdad me ayudarás?»

Chanyeol no pudo contener la sonrisa que se le pintó en el rostro el día en que recibió la respuesta que había estado esperando.

—Por supuesto —murmuró, riendo para sí mismo.

Y con ese incentivo coordinó un encuentro, sin saber siquiera un nombre; con grandes esperanzas de que volviera a ver, pronto, a aquel extraño.

Para ser perfectamente honestos, Chanyeol no estaba seguro de por qué estaba tan ansioso por conocer a alguien con quien sólo había intercambiado unas pocas palabras. Pero era su falta de preocupación y su relajada, agradable naturaleza lo que realmente lo había intrigado.

Cuando finalmente llegó el día en que ambos se tenían que reunir, Chanyeol se encontró caminando hacia la estación de tren con un andar saltarín. El solo pensar en ver a aquel muchacho por segunda vez para poder ayudarlo con las ambiciones de su vida era suficiente para calmar los nervios que hubiera tenido previamente e iluminarle el sombrío día; bueno, al menos lo era para Chanyeol.

Los labios se le curvaron en una torcida sonrisa mientras sacudía la cabeza. Pasando el pulgar por la suave pantalla de su teléfono móvil, dejó escapar una pequeña risita de sus labios separados.

El aire citadino estaba fresco aquella mañana; los altos edificios proveían poco refugio de la glacial brisa que los envolvía y se abría paso. Chanyeol echó un vistazo a los alrededores, ajustándose fuertemente la bufanda de color azul oscuro alrededor de su cuello para resguardarlo del frío: los árboles estaban cubiertos de nieve y el lago bañado con una helada capa que relucía bajo la pálida luz solar. Aquel era el lugar de encuentro correcto, decidió tras verlo. Pero el chico del tren aún no había llegado.

Frunciendo el ceño, Chanyeol exhaló; su aliento se cristalizó frente a sus ojos. Sabía cómo lucía el extraño, pero no tenía idea de quién era. Miró al otro lado del lago entornando los ojos oscuros.

Allí estaba sentada una figura familiar, con su bufanda verde olivo protegiendo la mitad inferior de su rostro del viento; su chaqueta ajustada le quedaba perfecta, ceñida alrededor de su pecho con pequeños botones cobrizos.

Estaba sentado en una pequeña banca de madera a una corta distancia; sus enguantadas manos partían pequeños trozos de pan viejo para los patos en busca de comida que se movían por sus tobillos. Chanyeol se detuvo por un instante, observándolo reír alegremente mientras los avaros animales se peleaban entre sí por los pedazos más grandes, antes de dejar caer los hombros, relajando su cuerpo.

Cualquier nervio que hubiera sentido fue ahora reemplazado por emoción mientras avanzaba hacia el contento chico alimentando a los patos. Alisándose el abrigo de invierno, Chanyeol inició la breve caminata alrededor de la periferia del lago antes de tomar asiento en el pequeño banco junto al (ahora sobresaltado) castaño.

—Me alegra ver que has llegado a salvo al punto de encuentro —dijo asintiendo; una sonrisita le tiró de las comisuras de la boca—. Soy Chanyeol.

El muchacho lo contempló por unos momentos antes de apartar la mirada, ajustándose el guante en un dedo.

—Baekhyun. ¿Realmente me ayudarás con mi lista? —le preguntó con no más que un murmullo. Chanyeol asintió una vez más, suavizando la mirada.

—Lo haré.

Baekhyun exhaló fuertemente y sacudió su cabeza. Se miró los pies, hamacándolos hacia adelante y hacia atrás en el banco, apartando la mirada de Chanyeol, y sus manos desaparecieron en sus bolsillos.

—Gracias —dijo—. En verdad lo aprecio. Pero incluso con tu ayuda, sé que no podré completarla a tiempo.

Ante aquello, Chanyeol alzó las cejas con confusión.

—¿Por qué necesitas terminarla tan rápido? —inquirió—. Tómate tu tiempo, la disfrutarás más de esa forma.

Baekhyun levantó la mirada. Cuando sus ojos se encontraron con los de Chanyeol, le ofreció una sonrisa dulce.

—Supongo que lo único que quiero es completar tanto de la lista como pueda.

Chanyeol lo examinó por unos instantes antes de sacudir la cabeza, pasándose los dedos por su cabello color caoba.

—Te dije que te ayudaría con tu lista —le dijo amablemente—. Y eso es lo que haré. La terminaremos. Tal vez lleve tiempo, pero lo haremos.

—¿Lo prometes? —preguntó Baekhyun, con una pequeña sonrisa dibujándosele en el rostro. Chanyeol asintió.

Te lo prometo.





Durante los próximos días, Chanyeol y Baekhyun se encontraron en el mismo lugar junto al lago para discutir qué meta («—Objetivo —interrumpía el más bajo, moviéndole el índice a Chanyeol cada vez que les decía así—. ¡Es un objetivo!») prefería completar primero Baekhyun. Tras mucha deliberación, ambos concertaron ir al parque de diversiones; estaba mucho menos concurrido durante los meses invernales, y la idea de evitar empujones e incansables multitudes bajo un calor abrasador era más que atractiva.

Baekhyun no pudo contener su emoción mientras corría hacia arriba y abajo entre los puestos llenos de cosas y postres; ¡quería probarlo todo! Chanyeol sacudió la cabeza, dejando salir una silenciosa risa mientras observaba al energético muchacho. Estiró un brazo y tomó al castaño por la muñeca, jalándolo suavemente hacia su lado.

—Despacio, Baek —le dijo amablemente, causando que el otro ladeara la cabeza, confuso.

—Pero Chanyeol —comenzó él con prontitud—, ¡no hay suficiente tiempo para hacer todo!

Los labios del más alto se curvaron en una sonrisa.

—Tenemos mucho tiempo para hacerlo todo. No te preocupes. Hey, ¿tienes hambre?

No esperó a que Baekhyun le respondiera; no tuvo que hacerlo. Chanyeol sabía perfectamente bien que el pequeño castaño estaba famélico: el correr por todos lados lo debía haber agotado.

—Vamos.

Jalándolo por filas de puestos hacia el sector de comidas, Chanyeol miró alrededor hasta que algo atrajo su mirada.

—¿Quieres algodón de azúcar?

Se abrió camino lentamente hacia el stand tras soltar la muñeca de Baekhyun y le entregó algunas monedas a la dueña.

—Dos varas, por favor.

Baekhyun observó desde la distancia, intrigado por el esponjoso azúcar revoloteando por la pequeña burbuja. Tras observar a la mujer hundir un palo en la máquina, no pudo evitar acercarse por la curiosidad.

Chanyeol le pasó su dulce y se quedó esperando por el suyo propio, y pronto ambos ya estaban regresando por las filas de puestos con sus algodones de azúcar en mano.

—Sabes —comenzó Chanyeol—, se te permite comerlo, ¿eh? No es tan feo.

Baekhyun arrugó la nariz mientras lo pensaba.

—Nunca lo he probado, Yeol. ¿Y si no me gusta? Habrías gastado tu dinero en mí para nada.

—Claro que no. —Se rió. —Porque si no te lo comieras tú entonces yo lo haría. Ahora anda, prueba un poco.

Baekhyun llevó el algodón hacia sus labios antes de apartarlo con rapidez, sorprendido por la textura.

—Es pegajoso —dijo, manteniéndolo lejos de él. Chanyeol sonrió.

—¡Esa es la gracia! —Extendió una mano, rompió un pequeño pedazo de su propia vara de algodón de azúcar y se lo tendió a Baekhyun. —Di ah~

El otro abrió de mala gana la boca, y tan pronto como lo hizo ya tenía el algodón adentro. Sobresaltado, sus ojos se ensancharon por la dulzura antes de que las comisuras de sus labios se fueran hacia arriba, formando una pequeña sonrisa.

—Está bueno.

Chanyeol soltó una risita de triunfo mientras veía a Baekhyun tomar otro pequeño bocado del azucarado algodón.

—¿Ves? —dijo—. ¡Te dije que era rico! —Chanyeol trató de ocultar la risa que amenazaba por escapar de su boca mientras curvaba sus labios hacia arriba, y en vez de eso forzó una tos.

—¿Ocurre algo? —le preguntó Baekhyun, y Chanyeol sacudió la cabeza, ampliando más su sonrisa.

—No —contestó con rapidez—, nada.

Baekhyun no le creyó e insistió.

—En verdad —dijo, inclinando su cabeza hacia un lado— no eres bueno mintiendo.

Dándose cuenta de que lo habían descubierto, Chanyeol se encogió de hombros. Extendió su mano y le limpió a Baekhyun la esquina de sus labios; el algodón rosado que estaba allí se desvaneció.

Las mejillas del muchacho se sonrojaron con vergüenza y apartó la mirada rápidamente.

—¿Yeol? —murmuró, sin querer ver al otro a los ojos.

—¿Mmm?

Gracias.





El día se acercaba a su fin y el cielo se iba oscureciendo gradualmente. El sol se ocultaba en una nube tras otra en su descenso, proyectando hacia el mundo charcos de sombra. Chanyeol y Baekhyun se abrieron camino hacia la zona del carnaval, este último con un gran conejo de peluche apretado firmemente contra su pecho.

Chanyeol había ganado un juego de la feria hacía no más de una hora y le había preguntado qué animal le gustaría tener. Baekhyun, incapaz de contener su emoción, escogió el conejo, el cual no había abandonado sus brazos desde entonces.

Abrazándolo con fuerza contra su pecho, Baekhyun sintió algo tocar su brazo y levantó la vista. Chanyeol le sonrió en respuesta.

—Se está acercando la puesta de sol, Baek. ¿Quieres ir ahora a la rueda de la fortuna?

Una sonrisa de emoción se extendió por el rostro del más bajo, quien asintió en respuesta. Ambos caminaron juntos, riendo con alegría mientras avanzaban por la feria. Aunque fuera casi de noche la mayoría de las personas allí ya se había ido, dejando al par solo en su caminata hacia la rueda de la fortuna.

No se veía tan mal desde lejos, decidió Baekhyun. No había nadie por aquella zona, así que la espera no sería tan larga. Pero cuando ambos llegaron a su destino, sus cejas se fruncieron y dio involuntariamente un paso hacia atrás. Chanyeol se dio la vuelta con rapidez, notando que algo no estaba del todo bien.

—¿Pasa algo? —preguntó, preocupado.

Baekhyun sacudió la cabeza mientras inhalaba hondo.

—No pensé que fuera tan alta —dijo, apretando más fuerte aún su conejo de peluche. Lo atrajo más hacia su rostro, vacilando—. Necesito hacer esto, pero… no me gustan las alturas.

—Tiene que ser alto si quieres ver al sol ocultarse —razonó Chanyeol. Baekhyun echó otro vistazo hacia la rueda y se volteó.

—No puedo… —murmuró en voz baja—. Mejor quitémoslo de la lista. —Se miró los pies, temeroso de lo que Chanyeol pudiera pensar de él.

Algo tibio envolvió la mano de Baekhyun y éste se congeló, alzando la vista con lentitud. Chanyeol estaba de pie frente a él, sonriéndole con calidez, sujetándole con su gran mano la suya propia.

—Todo irá bien —lo animó—. Estoy aquí, te protegeré.

El castaño estaba a punto de protestar cuando Chanyeol lo interrumpió otra vez.

—Sólo puedes tachar algo de tu lista cuando lo hagas —dijo con firmeza—. Vamos, ¡el sol está a punto de ponerse! Te sujetaré las manos si te da miedo.

Con su mano libre, Baekhyun abrazó fuertemente a su conejo antes de asentir. Se volteó lentamente para enfrentar a Chanyeol y a la rueda de la fortuna.

—De acuerdo —dijo despacio.

Sabía que, a pesar de su miedo a las alturas, todo iba a estar bien si Chanyeol estaba con él. Y lo estuvo.





Habían pasado unos buenos tres meses en los que ambos se encontraron con frecuencia para completar los objetivos que Baekhyun había escrito en su arrugada lista. Y lenta, muy lentamente, más y más de las cosas eran completadas y tachadas con un fino bolígrafo. Claro que había habido instancias, algunas pocas, en las que ambos habían acordado verse y Baekhyun había cancelado.

Con expectación, por supuesto. Y cada vez que Baekhyun cancelaba sus planes, Chanyeol se encontraba sintiéndose decepcionado. Sus días terminaban sintiéndose como si les faltara algo; los días sin Baekhyun a su lado se sentían eternos, vacíos.

—Lo siento —respondía éste—, tengo cosas que hacer. —Y ahí lo dejaba.

Pero sin importar cuán decepcionado se sintiera Chanyeol, sabía que las disculpas de Baekhyun eran sinceras. Sin importar cuán decepcionado se sintiera Chanyeol, ni una vez le cuestionó a Baekhyun sus motivos para cancelar.





—Repíteme por qué estamos aquí —murmuró Chanyeol mientras seguía a Baekhyun por hileras de diferentes decoraciones. La tienda de muebles era enorme, y aunque Chanyeol raramente se aventuraba dentro de una, estaba seguro de que no habían sido ni de cerca tan grandes como aquella. La esencia de la madera tratada alcanzó sus fosas nasales y sacudió la cabeza, rozando con las puntas de sus dedos la suave superficie de un elegante escritorio de roble—. ¿Creía que necesitabas un cuadro?

—Así es. —Baekhyun sonrió. —Pero ya que estamos aquí, pensé que podríamos echar un vistazo.

—¿Por qué? —lo cuestionó en voz baja Chanyeol, mirando al empleado que los seguía unos pocos pasos por detrás, determinado a conseguir una venta.

—No lo entiendes, Chanyeol —replicó el muchacho—. Todo es tan hermoso. Si obtenemos la pintura enseguida, entonces… Yo sólo… Sólo quiero pasar tiempo aquí contigo. ¿Es mucho pedir?

Chanyeol sacudió la cabeza, sorprendido.

—No —dijo—. No lo es.

Tras inspeccionar distintos tipos de decoraciones que la tienda de muebles tenía para ofrecer, ambos se abrieron camino hacia una fila de pinturas que estaban expuestas en una pared. La mayoría eran monocromáticas, hermosas en textura y composición; cada una contaba una historia propia, transmitiendo el punto de vista de los pintores. Los marcos de cobre que sostenían el lienzo estaban grabados con elegancia y capturaban la luz.

Una pintura, considerablemente más pequeña que las demás, no tenía marco; estaba siendo expuesta en un simple lienzo rectangular, con las esquinas dobladas hacia atrás y engrampada a una tabla de madera. Abstracta en diseño, estaba cubierta con un espectro de distintos colores. Brillantes e intensos manchones amarillos aquí, trazos color viridián allá; grandes gotas de tono carmesí decoraban el centro.

Chanyeol se encogió cuando la vio. El lienzo lucía ordinario y no poseía ningún misterio ni historia. No era nada artística, y no estaba seguro si la había pintado un adulto o un niño de no más de tres años.

Para Baekhyun, sin embargo, era hermosa.

—Me llevaré esta —dijo, señalando la brillante obra—. ¡Es perfecta!

—Baek —intentó razonar Chanyeol—, ¿por qué? No tiene ninguna historia. No dice nada.

Ante eso, Baekhyun sonrió, con sus labios formando una sonrisa juguetona.

—No se trata de lo que diga, Yeol —contestó—. Se trata de lo que no. A veces no importa el exterior para poder entender en verdad a alguien.

Chanyeol asintió, sabiendo que Baekhyun tenía razón. Pero decidió intentar razonar una vez más con él.

—¿Por qué esa? —preguntó—. ¿Qué tal esta? ¿Ves la textura? ¿La perspectiva? Es asombrosa.

—Es bonita, Yeol —murmuró el chico—, pero aburrida. Esta alegrará el pasillo y le dará felicidad a quienes la vean.

Ladeando la cabeza, Chanyeol estudió la pintura abstracta otra vez. No era tan fea.

—A veces —dijo— todo lo que la gente necesita es un poco de felicidad.





Era mediados de primavera cuando Chanyeol invitó a Baekhyun a su casa por primera vez. Estaba lleno de emoción ante el pensamiento de los dos cocinando la cena juntos, y había pasado una gran parte de aquella tarde ordenando todo para la llegada de Baekhyun.

Todo tenía que ser perfecto. Por qué, no estaba seguro. Baekhyun probablemente no notaría si un cojín estaba fuera de lugar, o el periódico dejado en la mesa de café. Pero no le importaba. Quería que todo estuviera en orden, porque incluso si Baekhyun no lo notaba, quería que fuera perfecto para él.

Cuando el muchacho llegó, Chanyeol ya estaba esperando en la puerta principal con una gran sonrisa en el rostro. Luego de saludarlo rápidamente, lo hizo pasar y le enseñó la casa. La sala de estar, el baño, la cocina. Chanyeol no pudo evitar deleitarse ante la emoción contenida en los ojos de Baekhyun mientras exploraba la casa.

Luego de ofrecerle un asiento en la mesa de la cocina y pedirle ver la lista, Chanyeol escaneó el contenido; un súbito pinchazo de dolor le perforó el pecho. La lista estaba acabándose con rapidez. ¿Querría Baekhyun seguir viéndolo luego de que fuese completada? Sacudió la cabeza, riendo para sí en voz baja. Le devolvió la lista a Baekhyun, fue hacia la alacena y comenzó a tomar ingredientes para la comida. Por supuesto que querría seguir viéndolo.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó el más bajo, curvando sus labios en una sonrisa mientras lo observaba. Chanyeol se encogió levemente de hombros.

—Nada —respondió suavemente, cambiando de tema tan pronto como pudo—. ¿Por qué está la comida casera en tu lista? —inquirió. Baekhyun hizo un mohín arrugando la nariz, inseguro de cómo responder.

—No la como desde hace tiempo.

Ante aquello, Chanyeol resopló.

—¿Así que comes afuera todas las noches? ¡No es bueno para tu salud!

Baekhyun encogió un hombro y comenzó a enjuagar las zanahorias, con el líquido helado corriendo por sus manos.

—Bueno, no precisamente afuera. Pero no como en casa.

Chanyeol miró al castaño antes de voltearse para recoger las papas.

—Bueno, Baek —dijo—, eso sólo significa que tienes que venir a cenar más a menudo.

Baekhyun esbozó una pequeña sonrisa y, mientras comenzaba a pelar las zanahorias, se preguntó sobre lo que Chanyeol acababa de decirle. ¿Iba en serio? ¿Realmente quería que lo visitara otra vez? Una descarga de dolor le recorrió el brazo y maldijo silenciosamente. En unos segundos Chanyeol estaba a su lado.

—¿Qué ocurrió? —le preguntó mientras el otro trataba de ocultar su mano.

—Nada —replicó el castaño con presteza.

—Muéstrame la mano, Baek.

—No, está bien —se defendió éste.

Chanyeol extendió velozmente una mano y le sujetó el hombro, volteándolo lentamente.

—Oh, Baekhyun. —Suspiró, agarrando la mano cortada. La tomó con delicadeza y la posicionó bajo la canilla para enjuagarla.

Aunque fuera pequeño, el agua fría le escoció el corte causando que Baekhyun retrocediera, retirando su mano del alcance del helado líquido.

—¿Estás bien? —le preguntó Chanyeol, tomando la toalla de mano y secándole la suya al otro con suavidad.

—Sí —murmuró Baekhyun apartando la mirada—, sólo duele un poco, eso es todo.

Sin pensarlo, Chanyeol levantó la mano de Baekhyun y rozó gentilmente la piel enrojecida con sus labios.

Las mejillas del más bajo se encendieron cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo el otro, pero mantuvo la vista fija en el suelo.

—Ya no me duele —dijo en voz baja, con la esperanza de que Chanyeol no lo oyera. Pero sí lo escuchó, y no pudo evitar que una sonrisa se extendiera por su cara.





Las estrellas estaban suspendidas casi mágicamente en el cielo de un azul profundo; el mundo debajo era iluminado por la pálida luz lunar. Chanyeol se movió con rapidez detrás de la silla de Baekhyun y la corrió para él, antes de ofrecerle un brazo y ayudarlo a ponerse de pie. Habían estado hablando y riendo por tanto tiempo que ambos perdieron la noción del tiempo. Chanyeol abrió la puerta, alcanzándole su abrigo a Baekhyun.

—Está oscuro —dijo, mirando hacia afuera—. Te llevaré a tu casa.

Baekhyun levantó sus manos velozmente.

—No hay problema —le aseguró.

—Siempre puedes pasar la noche aquí, ¿sabes? —le ofreció Chanyeol—. ¡Es peligroso de noche!

—Estaré bien, Yeol. ¡No te preocupes!

Le tomó un rato convencer a Chanyeol, pero cuando lo hizo, Baekhyun comenzó a dirigirse hacia la puerta de la cerca de madera.

—¿Te veré mañana a la mañana entonces? —llamó el más alto mientras observaba al otro cerrar la puerta detrás de sí. Baekhyun hizo una mueca, volteándose lentamente y ofreciéndole una débil sonrisa.

—Veremos —dijo, y se dio la vuelta.

Chanyeol lo observó retirarse hasta que la oscuridad lo engulló por completo. Un leve suspiro escapó de sus labios y, echando una última mirada hacia afuera, ingresó nuevamente a la casa. Mientras recogía los platos de la mesa algo atrajo su atención; frunció el ceño y se acuclilló junto a la silla de Baekhyun.

Allí, doblada cuidadosamente a pesar de su arrugada superficie, estaba la lista del muchacho. Otro suspiro escapó de su boca mientras la recogía, girando el pequeño rectángulo doblado entre sus dedos. ¿Debería llamar a Baekhyun? ¿Hacerle saber que se le debía haber caído del bolsillo? Desechó rápidamente aquella idea con una sacudida de la cabeza. No, vería a Baekhyun mañana, de todas formas. Se la podía devolver entonces.

Lanzó la lista hacia la mesa, se fue a la cocina y comenzó a llenar el fregadero antes de que su curiosidad se apoderara de él. Cerró el grifo con rapidez, se dirigió hacia la mesa y vaciló. ¿Le importaría a Baekhyun si revisaba la lista en su ausencia? Chanyeol apartó ese pensamiento y sacudió la cabeza. Claro que no le importaría.

La desdobló con cuidado, alisó el papel con las puntas de sus dedos y bajó la vista hacia la lista una vez más. Necesitaba saber cuánto tiempo más tenía para pasar con Baekhyun. Cuántas cosas les quedaban por hacer. Esperaba que agregara más cosas allí, esperaba que pudieran hacer aquello por siempre.

Recorriendo la hoja con la mirada, Chanyeol se congeló y su aliento le obstruyó la garganta. El objetivo al final de la lista había sido tachado. Había sido hecho con rapidez, desprolijamente, algo que no estaba allí cuando la había visto por última vez:

Enamorarme.




Tags: angst, baekhyun, baekyeol, chanyeol, halcyon
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