Drake (drake15) wrote,
Drake
drake15

Spica

No permito que mis traducciones sean publicadas en ninguna otra página, así que por favor no las utilices ni las adaptes.



(Masterlist)

¡Holis! (?)
Como vengo prometiendo hace tiempo, aquí traigo un oneshot nuevo. Baekyeol, esta vez. Y no, no es angst. Por fin podrán leer un Baekyeol feliz 8D ~~
Esta historia me ha parecido hermosa, me ha parecido perfecta y me enamoré de ella al poco tiempo de haberla empezado a leer. No había llegado ni a la mitad y ya había decidido que quería traducirla. De hecho me encantó tanto que le hice el póster que ven ahí abajo xD Y luego más gente me la pidió, así que supongo que no fui el único al que le gustó.

Sé que sólo el 10% de ustedes leerá esto, los demás pasarán directamente a la historia, pero lo pondré de todas formas: lo que no me gustó de este fic es que la autora escribió con demasiados cambios de tiempo. Primero en pasado, luego en presente, luego los mezclaba... Y no quedaba bien cuando lo traduje. No sé si ella lo hizo o no adrede, pero bueno. He tratado de respetar eso lo más que pude, pero en donde vi que quedaba mal, simplemente lo cambié. No creo que sea muy grave, pero en fin. Si les parece que alguna parte necesita ser cambiada porque no encaja del todo o se ve extraña, no duden en decírmelo, que la modificaré enseguida. :3 Ojalá mi traducción pueda hacerle justicia a la historia original.

Also, si quieren pueden leer sobre la estrella Spica aquí ~

Ya, eso es todo. He aquí mi Twitter y he aquí mi Tumblr, por si quieren dejarme un mensaje. Ojalá les guste la historia, recuerden compartirla si es así, retwitteando mi tweet o pasándole un link a algún amigo o algo. :3







Si la Tierra y la constelación de Virgo están a 260 años luz,
¿cuál entonces, se pregunta Chanyeol, es la distancia entre dos corazones humanos?



Título: Spica
Autora: sleepyrice
Género: Romance / Perfección (?)
Idioma original: inglés
Fanfic original: click aquí
Traductor: Drake15
Palabras: ~6330







Había nacido en un pueblo marítimo; su padre era un fabricante de botes y su madre un ama de casa corriente. Pasaba mecánicamente sus días, repletos de quehaceres rutinarios y la escuela. Byun Baekhyun era, según los otros padres y sus compañeros, un niño corriente, soso. Sus de por sí pequeños ojos estaban ocultos tras unos gruesos y voluminosos anteojos; su ligeramente obesa contextura, enterrada bajo capas de desaliñados y heredados suéteres y camisetas; y sus zapatos nunca eran del talle correcto para él. Torpe y callado, había pasado la mayor parte de su tiempo escapando de los incansables bravucones escolares, nunca regresando a casa luego de la escuela; en vez de eso, siempre se escondía en la biblioteca que estaba a unos tres kilómetros de su hogar.

Había descubierto por primera vez el antiguo piano en la sala de música de ese lugar, enterrado bajo capas de polvo, viejo y descuidado; su alguna vez brillante acabado ahora lucía apagado y mellado. El lugar estaba prácticamente desierto la mayor parte del tiempo, ya que la gente del pueblo estaba demasiado ocupada encargándose de sobrevivir y conseguir sustento como para tomarse el tiempo de leer. Ocasionalmente se topaba con algún conocido, pero pasaban de largo sin decir palabra, sólo asintiendo silenciosamente a  modo de saludo.

Baekhyun se había dirigido directo a la sección de música y había chillado audiblemente ante el estante repleto de libros esperándolo, recorriendo con emoción sus páginas y capítulos sobre claves de sol y crescendos, pero los había dejado a un lado cuidadosamente, buscando algún un libro que pudiera realmente entender. En sus días buenos, agarraba uno o dos libros y los revisaba, metiéndolos en su mochila antes de irse cerca de la costa y pasarse el tiempo leyéndolos, sentado en los bancos bajo el despejado cielo azul. Cuando el clima estaba feo, se quedaba refugiado en la biblioteca, sentado solo en el piano, tratando de memorizar acordes, melodías y progresiones.

Como el segundo hijo varón de su familia, Baekhyun había tenido mucha libertad con la que complacer sus gustos y caprichos, porque era su hermano mayor quien cargaba con las responsabilidades y expectativas de la herencia del negocio familiar. Sus padres apenas parpadeaban cuando él salía por la puerta a la hora de la cena, sin cuestionarlo jamás acerca de su paradero, y él se había dado cuenta de que apreciaba su silencio; ocasionalmente realizaba tareas extra en la casa para compensarlos por la libertad que le daban.

Por dos años la sala de música se volvió su santuario solitario: un lugar donde podía cantar a todo pulmón, donde no era simplemente el soso y tímido Byun Baekhyun, sino la persona que creía que probablemente quería ser.





Conoció por primera vez a Chanyeol cuando se estaba recuperando de un encuentro particularmente malo con los bravucones de la secundaria, escondido en la sala de música, sollozando mientras volvía a pegar con cinta meticulosamente las páginas arrancadas de su cuaderno, reparando con cuidado sus preciadas partituras.

Chanyeol no dijo nada: se sentó en silencio a su lado, recogió las tijeras para ayudarlo a recortar pequeños pedazos de cinta adhesiva y se los pasó a Baekhyun de a uno mientras éste pegaba los rasgados trozos de papel, juntándolos de nuevo. Cuando Baekhyun finalmente terminó de sollozar y levantó la vista para agradecerle a su nuevo amigo, la sonrisa cegadora que recibió casi lo sacó de su eje y flaqueó, soltando su recién arreglado cuaderno otra vez.

El otro se agachó y recogió el libro de partituras rápidamente, sacudiéndole el polvo con cuidado usando su camiseta antes de tendérselo de vuelta a un perplejo Baekhyun.

—Soy Chanyeol. —Sonrió, con un tic en su ojo derecho. —¿Cómo te llamas?





Chanyeol era el hijo del cuidador del faro, y le gustaba mirar al cielo con su padre mientras éste le señalaba las múltiples constelaciones y le contaba historias de dioses y diosas, de vida y muerte y perdón mientras se desvelaban durante noches interminables, haciéndole compañía, sentados cerca de la radio y atentos en todo momento.

Chanyeol iba a la misma escuela que Baekhyun pero estaban en diferentes clases, y a veces, durante los recreos y la hora del almuerzo, Baekhyun se escabullía, queriendo simplemente hablar con su nuevo amigo o tal vez incluso comer con él. Pero siempre encontraba a Chanyeol tirado encima de su pupitre, durmiendo. No podía culparlo, ya que sabía que su amigo apenas dormía durante las noches, así que se escondió en un rincón mientras esperaba a que el resto de la clase se fuera, antes de ir en puntas de pie y tan ágilmente como pudo hacia el escritorio de Chanyeol, garabatear una nota y dejarla cuidadosamente entre dos de los largos dedos del muchacho. Baekhyun prácticamente corrió hacia su salón de clases vacío, temeroso de que alguien pudiera verlo y de que hubiera perturbado el poco tiempo de descanso que Chanyeol podía conseguir.

Más tarde no puede evitar sonreír, irracionalmente emocionado, cuando oye un golpe en la puerta de la sala de música seguido de un suave y cauteloso «¿Baekhyun?»

—¿Puedo pasar? —Chanyeol abre la puerta y mete su cabeza y un brazo, sacudiendo un libro con quizás demasiada energía, mostrándole dos filas de dientes blancos perlados.





Baekhyun es prácticamente inútil sin sus lentes, y Chanyeol se da cuenta de cuán mala es exactamente su visión cuando un día llega tropezando a clases, parpadeando como loco, con las manos en la pared para guiarse mientras da pequeños y arrastrados pasos, chocando con sus rodillas las mesas y sillas.

—¿Ch-Chan… yeol? ¿E-estás… ahí? —La voz de Baekhyun suena pequeña y perdida, y Chanyeol inmediatamente se levanta de su asiento y camina con veloces pero firmes zancadas hacia su lado, tratando de no asustar al ya petrificado chico.

Le hace saber adónde está sujetándole un codo, y puede sentir que Baekhyun se relaja mientras lo ayuda a caminar, permitiéndole recuperar su equilibrio.

—Se llevaron mis anteojos y no puedo ver y no sabía adónde más ir y lamento estar molestándote así… pero, eh, no sé qué hacer —suelta Baekhyun mirando alrededor con confusión, tratando de sonreír a modo de disculpas en la dirección donde cree que Chanyeol se encuentra.

—Hey, está bien. —Chanyeol sonríe con amabilidad hacia su asustado amigo, palmeándole la cabeza y ofreciéndole el brazo izquierdo para que se sujete. —Vamos, busquemos tus anteojos.

Ignora las cejas alzadas y las miradas que obtiene mientras guía a un Baekhyun de ojos entrecerrados por los pasillos y corredores, manteniéndolo cerca, buscando detrás de las puertas y por los rincones y en los cajones y alacenas hasta que finalmente divisa los gruesos marcos de Baekhyun en un basurero, en el campo detrás del edificio principal de la escuela. Sienta a Baekhyun en un banco antes de correr para devolvérselos, pero cuando se aproxima al contenedor su boca se abre en un «Oh».

—¿Baekhyun?

—¿Los hallaste? —pregunta éste esperanzado, volviendo a entornar los ojos, tratando de encontrar a Chanyeol entre la borrosa luz solar.

—Sí… pero están rotos —murmura él entregándole los lentes, que fueron partidos en dos por el puente de la nariz.

—Oh.

—Creo que pueden ser, ehm, arreglados en cierto modo —continúa Chanyeol vacilante, rebuscando en la caja de primeros auxilios ubicada en la pared en busca de adhesivo, antes de tomar los marcos rotos y pegarlos prolijamente por el puente hasta que las dos mitades quedan firmes. Limpia los cristales con el interior de su camiseta y desliza los lentes en el rostro de Baekhyun, quien parpadea vagamente hacia él.

O-oooh, puedo ver de nuevo —dice seriamente, abriendo los ojos y frunciendo el ceño, y Chanyeol se ríe enérgicamente ante su boba expresión—. Gracias, Chanyeol.

—¡No hay por qué! No fue ningún problema. —Le devuelve la sonrisa, con su ojo derecho haciendo su peculiar tic, ofreciéndole una mano a Baekhyun mientras se pone de pie.

—Me veo muy  gracioso. —Baekhyun se ríe mientras visualiza su reflejo en un vidrio al volver a ingresar al edificio.

—Yo creo que te ves bastante tierno —responde Chanyeol y Baekhyun se ruboriza, bajando la vista con vergüenza, observándose las zapatillas y tratando de no tropezar.

Al día siguiente durante el receso, encuentra a Chanyeol esperándolo fuera de su aula, escondido tras la puerta. Entra cuando el salón se vacía y arrastra una silla junto al escritorio de Baekhyun, tumbándose en el asiento mientras le sonríe, rascándose la nuca con la mano.

—Hey.

Regresa al día siguiente… y al siguiente, y al siguiente, y al siguiente.





Chanyeol consigue un trabajo como repartidor cuando cumple dieciséis, andando en su bicicleta, y su rutina diaria es reordenada. Baekhyun se queda ocupándose de sus cosas, usualmente estudiando o haciendo la tarea, hasta que Chanyeol se le une luego por la tarde, normalmente por una o dos horas hasta la cena, una vez que termina con su itinerario.

Una vez se había quedado hasta tarde con él, cuando Baekhyun se había torcido el tobillo mientras escapaba de los bravucones y su torpe y aún algo obeso cuerpo de dieciséis años fue inútil cuando cayó por la gradual pendiente de las desniveladas colinas verdes. Baekhyun se había negado a regresar a la escuela para ver a la enfermera, tercamente insistiendo en cojear y saltar los tres kilómetros hasta la biblioteca.

Cuando la biblioteca cerró por aquel día y ya tenían guardados en la mochila de Baekhyun todos los libros que habían pedido prestados, el muchacho bajito perdió el equilibrio y se cayó otra vez, gritando al poner accidentalmente demasiada presión en su pie herido.

—Te la has cargado y lo empeoraste —suspiró Chanyeol mientras se arrodillaba para verle mejor el tobillo hinchado, frunciendo el ceño cuando su amigo chilló con dolor y se movió para volverse a sentar.

Baekhyun estaba muy ocupado apartando desafiante la mirada, muy ocupado insistiendo que todavía podía caminar por su cuenta, como para notar que Chanyeol se había acuclillado frente a él.

—Sube, te llevaré —dijo con calma el muchacho alto, moviendo la mano y haciéndole un gesto para que se subiera en su espalda.

—Pero soy pesado.

—Está bien, sube.

—Pero ¿y si te lastimo la espalda?

—Baekhyun, soy bastante fuerte, ¿sabes? Vamos.

Chanyeol lo esperó en la puerta cada día desde entonces, haciéndole de apoyo mientras Baekhyun saltaba en un pie hasta la biblioteca, y durante uno o dos meses lo llevó hasta su casa sobre su espalda, mientras Baekhyun jugueteaba con sus orejas y ocasionalmente murmuraba frases irracionales mientras se dormía, con su cabeza posada cómodamente contra los fornidos hombros de Chanyeol. Incluso después de que el tobillo de Baekhyun sanara por completo, Chanyeol a veces se ofrecía a cargarlo otra vez, pero Baekhyun sacudía su cabeza con una sonrisa tímida mientras sujetaba la mano del otro, balanceando sus apretadas manos con alegría.

—Mejor caminemos juntos.





Estrellas.

Chanyeol siempre estaba leyendo sobre las estrellas. Baekhyun recuerda las incontables tardes cuando se escondían en la biblioteca juntos, y mientras él escribía sus ensayos y dibujaba sus canciones en las partituras, Chanyeol hojeaba silenciosamente libro tras libro de astronomía, con post-imágenes de supernovas y constelaciones reflejadas en sus ojos color marrón claro.

Curioso, Baekhyun había intentado inclinarse discretamente para echar un vistazo a las grandes fotografías de galaxias y planetas y oscuras extensiones de cielo salpicado con un millón de resplandecientes lucecitas blancas.

—¿También te gusta la astronomía, Baekhyun? —Chanyeol le había preguntado con ojos brillantes, mientras se deslizaba hacia su lado para que el otro pudiera ver mejor, apoyando el libro sobre la mesa para compartirlo.

—No sé mucho sobre eso, la verdad… —había admitido Baekhyun, bajando la mirada y sonriendo avergonzado.

Más tarde aquella noche, mientras yacen sobre sus espaldas encima de la chaqueta de Chanyeol, en el campo detrás de la biblioteca, el más alto le enseña a Baekhyun todas las constelaciones que conoce, contando anécdotas que ha recogido de los libros que leyó y compartiendo con Baekhyun las historias que su padre había compartido con él.

—¿Ves aquella brillante de allí?  Es una estrella binaria. —Chanyeol extiende su brazo, señalando, y Baekhyun sigue la guía de su brazo estirado y divisa la brillante luz. —Es mi favorita. De hecho son dos estrellas: la estrella primaria, que es la más brillante, y la compañera, pero orbitan alrededor de un centro de gravedad en común para formar un todo singular.

—¿Cuál es su nombre? —pregunta Baekhyun con suavidad, alargando un brazo por encima del césped para entrelazar sus dedos con los de Chanyeol, sintiendo una cosquilleante calidez esparcirse por todo su cuerpo cuando el otro se desliza más cerca, volteando su cabeza para poder verlo claramente en la oscuridad.

—Spica.





Estaban un día leyendo como siempre cuando escuchó a Chanyeol jadear y soltar el libro que estaba sujetando, moviendo sus manos para taparse los ojos mientras parpadeaba rápidamente, con lágrimas formándose en sus ojos, aún gimiendo de dolor.

—¿Chanyeol? Oye, ¿estás bien? —preguntó Baekhyun, levantándose para ver a su compañero, armado con una botellita de gotas para los ojos y un paquete de pañuelos.

—¡Estoy bien, no es nada! Creo que se me metió polvo en el ojo, jaja. —Parpadeó un par de veces más y le sonrió a Baekhyun con brillantez. —Ya está todo bien.

—Luces muy cansado… tal vez deberías dormir un poco. —Baekhyun frunció el ceño, preocupado, acariciando levemente los revueltos mechones castaños de Chanyeol, notando sus oscuras ojeras e hinchadas bolsas.

—Mm, creo que lo haré.

Se durmió en el regazo de Baekhyun, con el rostro mirando hacia otro lado para que el chico no pudiera ver su expresión adolorida, apretando sus ojos. Las esquinas de éstos se crisparon mientras Chanyeol apretaba la mandíbula, lidiando silenciosamente con su dolor, callado, por su cuenta.





Baekhyun había crecido considerablemente durante los dos años anteriores. Sus afiladas facciones ya no eran atenuadas por el exceso de grasa en sus mejillas, sus miembros se alargaron y adelgazaron mientras gastaba una mayor cantidad de dinero en libros, papel y tinta, descuidando la comida en favor de sumergirse en sus estudios y su música. Chanyeol le soltaba un «tss» y trataba de compartir la mitad de su comida con él; su propio reloj gastronómico trabajaba sin falla durante la cena.

—Ya no necesito crecer más —le decía Chanyeol con una sonrisa y un tic, dándole a su compañero una manzana y un par extra de palillos antes de despeinarle el cabello—. Puedo permitirme compartir. —Baekhyun siempre cedía, sólo porque era él quien se lo pedía, y se sentaba con su amigo mientras compartían un tupper de comida casera bajo el confortable frío de la biblioteca.

No puede determinar con exactitud el momento exacto en el que se enamoró de Chanyeol. Tal vez fue en algún punto entre la vez número cinco y la doscientos cuarenta y nueve que lo envolvió con una manta sobre los hombros cuando Baekhyun había temblado o estornudado. O tal vez fue cuando el más alto se había inclinado hacia él mientras estaban acostados sobre la hierba en su lugar usual, bloqueando la luna, con el corazón latiéndole tan ensordecedoramente en su pecho, sonrojándose violentamente cuando Chanyeol se había aproximado para susurrarle al oído:

Tienes unos ojos tan hermosos.





Chanyeol sólo lo besaba cuando no podía ver.

Se escabullía hacia él mientras estaba componiendo o cantando, silenciosamente quitándole los lentes y dejándolos encima del piano, y presionaba sus propios labios contra los de Baekhyun antes de que éste tuviera tiempo para reaccionar; su mundo se reducía a un borrón de luces y sombras. Se olvidaba de sus ensayos y sus melodías mientras Chanyeol lo subía a su regazo, y Baekhyun buscaba ciegamente su rostro, rozando su mandíbula, sus grandes orejas y la larga curva de su cuello. Siempre era un borrón, como una cámara fuera de foco, y Baekhyun realmente, realmente no podía ver, pero se dio cuenta de que se sentía más cómodo estando así de vulnerable, cerrando sus ojos mientras sentía a Chanyeol moverse hacia él tan tiernamente, con sus manos trepando lentamente por su camiseta, porque Chanyeol siempre estaba tibio, y Baekhyun confiaba en él más que nada en el mundo, así que siempre sonreía hacia sus besos, chocando frentes y narices mientras se olvidaba de todo lo que no fuera Chanyeol.





La siguiente vez que Chanyeol se le une en la biblioteca, lleva puesto su propio par de anteojos demasiado grandes sobre la nariz, y frunce su rostro, aún sin acostumbrarse al peso descansando sobre su puente nasal. Se ríe y saluda con la mano mientras camina hacia Baekhyun, quien lo observa con sorpresa, con las cejas alzadas ante el nuevo agregado en su rostro.

—Jejeje. Ahora me veo tan nerd como tú —bromea cariñosamente y Baekhyun lo golpea con suavidad en la nuca, haciendo un puchero y alejándose altaneramente dando pisotones, murmurando cosas del estilo de que no es nerd, para nada, y sólo volteándose para tomar la mano de Chanyeol y llevarlo consigo cuando se da cuenta de que el otro no lo está siguiendo.

Pero el más alto sisea cuando los dedos de Baekhyun presionan su muñeca, y éste aparta su brazo como de un hierro incandescente antes de volver a estirarlo y sujetársela con más cuidado mientras le arremanga la ropa, revelando dolorosos rasguños y moretones azulados por todo su antebrazo hasta el codo.

—¡Estás lastimado!

Baekhyun entra en pánico ahora; su expresión de preocupación se convierte en una de horror al verle incluso más arañazos y heridas en el otro brazo.

—Me caí de la bici cuando estaba regresando de una entrega —intenta explicarle Chanyeol, apresuradamente desenrollando sus mangas mientras Baekhyun continúa sacudiéndolo, con los ojos abiertos y boqueando—. ¡Pero estoy bien! Sólo tuve un pequeño esguince y un par de moretones y rasguños.

—¡¿Te caíste de tu bici?! —Baekhyun jadea, con una expresión horrorizada aún en el rostro, y Chanyeol intenta calmarlo pellizcándole las mejillas y palmeándole la cabeza.

—No te preocupes por eso, Baekhyunnie, ya he ido al hospital de la ciudad vecina con mi padre. ¡Estaré bien!

Baekhyun no lo deja cambiar de tema y frunce el ceño mientras ignora todos los valientes intentos de Chanyeol por distraerlo, tratando de fijarse si está herido en alguna otra parte, enganchando sus dedos en el cuello de la gran sudadera de Chanyeol, levantándola con rapidez para revisar su espalda en busca de moretones, recorriendo con sus dedos la pálida piel.

—Pero tomas esa ruta todos los días, Chanyeol, no entiendo cómo puedes caerte recién ahora, incluso con tus tendencias torpes. —Baekhyun suspira, deslizando hacia abajo nuevamente la sudadera una vez que está satisfecho, rodeándole la cintura con los brazos y abrazándolo.

—Mis frenos estaban dañados y no pude frenar mientras iba colina abajo —responde con presteza, girando a Baekhyun en una esquina y metiéndolo a la sala de música—. Pero si te hace sentir mejor, ya no haré más entregas. —Chanyeol ríe de forma tranquilizadora. —Mi papá me prohibió que anduviera en bicicleta.

Le sonríe a Baekhyun, y esta vez su ojo izquierdo hace el tic.

—En fin, tu audición será pronto, ¿no es así? —pregunta, apretando gentilmente a Baekhyun y contemplando el calendario en la pared.

—Mmm, sí. Así es.





Chanyeol ama cuando Baekhyun canta: tranquilamente, como una canción de cuna, callado y dulce; cuando piensa que nadie lo está viendo y que nadie lo está escuchando. La primera vez que oye a Baekhyun cantar, en verdad cantar, es un día cuando Chanyeol se duerme leyendo, con la cabeza apoyada sobre la mesa y el rostro presionado contra las páginas. Está lloviendo afuera, y la lluvia cae contra las ventanas en mudas oleadas, y un rápido vistazo le dice a Chanyeol que Baekhyun sigue sentado frente a él, murmurando y cantando suavemente para sí líneas imaginarias de canciones sin escribir, mientras mira sus notas y subraya palabras y oraciones.

Chanyeol permanece inmóvil y deja que el sonido lo envuelva, como olas que bañan la costa, muy temeroso de moverse y no lo suficientemente valiente como para respirar, y se pregunta si Baekhyun sabe que lo está escuchando; se pregunta si pararía si lo supiera. Jamás había conseguido comprender totalmente lo que las fraccionadas subidas y bajadas significan, pero mientras se sumerge de vuelta en la oscuridad piensa que tal vez, sólo tal vez, lo que escucha es el corazón de Baekhyun.

Recibe su respuesta unas semanas más tarde, cuando tiene la cabeza apoyada en el regazo de Baekhyun, pretendiendo estar dormido nuevamente mientras escucha su acallada melodía.

—Sé que estás despierto, Chanyeol. —Abre sus ojos y Baekhyun lo está viendo directamente, apareciendo dado vuelta en su visión, pero lo oye dejar el bolígrafo y un momento después siente sus suaves manos recorriéndole el cabello, jugueteando con sus despeinados mechones, ocasionalmente entreteniéndose con sus orejas. Baekhyun está murmurando y tarareando otra vez, garabateando armonías improvisadas mientras vuelve a tomar su bolígrafo para continuar con su ensayo, con su mano izquierda descansando cómodamente en el pecho de Chanyeol y sus dedos dibujando inconscientemente círculos y formas de estrellas. Chanyeol permanece inmóvil mientras lo contempla desde su regazo, mordiéndose un labio mientras frunce el ceño, pensando alguna buena forma para expresar lo que quiere; y está embelesado, y antes de saberlo ya ha levantado el dorso de su mano para acariciar suave, cariñosamente, la mejilla de Baekhyun. La expresión de éste se suaviza mientras siente la cálida mano de Chanyeol contra su frío rostro, y cierra los ojos mientras le sostiene la mano en el lugar, inclinándose hacia su toque, riéndose cuando Chanyeol le sonríe bobamente desde abajo cuando Baekhyun le besa uno por uno los nudillos.

Las palabras escapan de su boca en un susurro y permanecen en el aire pesadamente, por un momento, hasta que Baekhyun asiente en silencio y se inclina hacia abajo, apartando a un lado los mechones descuidados mientras presiona sus labios con suavidad contra la frente de Chanyeol.

Te amo.





En el día de su audición se tomaron juntos el tren hacia Seúl; Chanyeol lo sorprendió y se apareció en la estación con un boleto en la mano, y abrazó a un muy nervioso y entrado en pánico Baekhyun, quien instantáneamente se calmó en sus brazos. Había guardado una parte del dinero que había ganado como repartidor sabiendo que lo necesitaría algún día, y está feliz de haberlo hecho, mientras mira a Baekhyun enterrar su rostro en su pecho y gemir dramáticamente, abrazándolo fuertemente con gratitud.

Cuando se separan, ayuda al otro a revisar la lista de cosas que tiene que llevar consigo, asegurándose una a una de que todas hayan sido empacadas, contando las copias de los formularios de inscripción y las composiciones antes de abordar el tren, tomados de la mano.

Sus manos permanecen juntas mientras navegan por la universidad, ignorando las miradas curiosas mientras Chanyeol hace fila pacientemente en los corredores con él, sosténiendole los delgados dedos en sus grandes palmas, manteniéndolos tibios; y hasta que Baekhyun no tiene que dejar su lado para entrar por la puerta, jamás lo suelta.





—¡Chaaannyeooool no puedo abrirlo, no puedo abrirlo! —Baekhyun le está gritando desde el otro lado del campo fuera de la biblioteca, sacudiendo el todavía sellado sobre con locura en el aire.

—¡No te hablaré hasta que lo hagas! —exclama Chanyeol de vuelta, avanzando un par de pasos con los brazos cruzados. Le saca la lengua infantilmente pero está nervioso también; se mueve inquieto y comienza a preocuparse cuando Baekhyun se demora más de lo que debería en abrir y leer la carta. Está a punto de abrir la boca nuevamente para comprobar si Baekhyun está bien cuando su mente registra que el otro está corriendo hacia él, bramando palabras incomprensibles, y sus pies se quedan congelados en el lugar, sin estar aún seguro de cómo reaccionar.

—¡Seúl, Channie! ¡Iré a Seúl! ¡Me darán la beca! —chilla Baekhyun mientras se lanza de cabeza a sus brazos. Chanyeol lo atrapa fácilmente, y saltan y gritan con emoción, como niños, corriendo y girando y abrazándose, incluso si es sólo por un momento, felices por un sueño que está un paso más cerca de cumplirse.





—¿Recuerdas la estrella sobre la que te hablé? —Están sentados juntos, apiñados bajo el frío nocturno.

—¿Cómo se llamaba?

—Spica, una de las gigantes azules.

» Cuando te sientas solo en Seúl, busca esa estrella y piensa en mí. —Sonríe y le da a Baekhyun un ligero golpe en las costillas. —Te dibujé un diagrama en caso de que te olvides. —Chanyeol ríe y hurga en su bolsillo en busca de un trozo doblado de papel, y se lo muestra a Baekhyun antes de presionárselo en la palma. —No lo pierdas, ¿de acuerdo?

Baekhyun asiente débilmente, sollozando un poquito, aún frotándose los ojos mientras Chanyeol lo golpea una segunda vez con sus nudillos, en un vano intento por borrar la tristeza de sus pulmones.

—Vas a ir a Seúl. Y vas a cantar, Baekhyun. —Chanyeol le sonríe con calidez mientras le roza la nuca con su mano, suavemente. —Como siempre quisiste. Tocar el piano y cantar.

Y Baekhyun recuerda la forma en que Chanyeol gentilmente le había quitado los anteojos una última vez y los había guardado a salvo en su bolsillo frontal, la familiar manera en que su visión se había vuelto mareantes zonas de color y fragmentos de luz, y la forma en que sus labios, suaves y cálidos y trémulos, se habían sentido tan naturales contra los suyos propios. Baekhyun se aferra indefenso a Chanyeol mientras siente sus brazos rodear instintivamente su pequeña figura: un brazo protector, puesto alrededor de su cintura, y el otro acunando su cabeza, con dedos temblorosos recorriendo suaves cabellos castaños.

Recuerda sus propias manos tanteando ciegamente, las puntas de sus dedos flotando sobre las facciones de Chanyeol, grabando en su mente las curvas y depresiones del rostro de a quien está a punto de abandonar, y Chanyeol lo besa lentamente una, dos, tres, cuatro veces mientras Baekhyun intenta desesperadamente enjugar las lágrimas de la persona que más ama.





Chanyeol le escribe fielmente tres veces por semana durante seis meses, enviándole fotografías y postales rebosantes de su elegante escritura y enfatizada con caritas felices y burdos bocetos del paisaje cambiante de su pueblo natal.

Baekhyun guarda cada carta, almacenándolas prolijamente en su cajón, escribiendo respuestas en el dorso de sus partituras, doblándolas y poniéndolas en sobres y enviándoselas cada vez que tiene oportunidad de escapar de los compromisos de la escuela. Las cartas de Chanyeol siempre le dejan una sonrisa estúpida en el rostro.

Pero luego el tiempo pasa y los días se convierten en semanas, y las semanas en meses, y las cartas se vuelven paulatinamente más cortas; la escritura de Chanyeol se transforma de su previa pulcritud a inconexas letras y símbolos desparramados, hilvanando desiguales líneas, rayadas toscamente sobre las páginas. Baekhyun admite que está decepcionando, y su corazón se desploma más y más conforme abre un sobre tras otro sólo para encontrarse con oraciones singulares, suspirando.

Recibe la primera hoja en blanco un mes después y la arroja a un lado, demasiado desanimado como para notar la prolija línea de pequeños puntos grabados a presión en la lisa y limpia hoja, y deja de molestarse en abrir los sobres que le siguen, apilándolos en una esquina de su cuarto, cerrados. No es hasta que su compañero de cuarto recoge la hoja descartada unas semanas más tarde cuando se da cuenta de cuán ciego ha sido.

—¡Baekhyun hyung! No sabía que podías leer Braille. —Kyungsoo sujeta el papel grabado a contraluz, rozando con sus dedos la superficie punteada con cuidado. —¿T… E…? —Se rasca la cabeza, sobresaltándose cuando Baekhyun le quita el papel furiosamente, lo echa de la habitación y lo deja afuera, antes de abrir su laptop y tipear apresuradamente en los buscadores con el ceño fruncido.

Siente que su estómago se hunde mientras decodifica las letras una por una, garabateando con presteza sus equivalentes bajo las áreas levantadas, con los ojos desenfocándose mientras construye las oraciones, y se siente como basura, y debió haberlo sabido, debió haberlo notado porque estuvo a su lado todo el tiempo… Pero jamás lo hizo, y Baekhyun se queda mudo del asombro mientras sus ojos recorren las líneas repetidamente, flaqueando cuando repasan aquellas dos particulares palabras.

Te extraño. Desearía poder todavía ver tu rostro. Desearía poder correr hacia ti ahora. Probablemente la vida en Seúl sea difícil, pero no llores, Baekhyunnie.

Lanza libros y lápices a un lado mientras revuelve con locura, rebuscando entre pilas de postales y cartas para hallar la tarjeta que Chanyeol le había escrito con su número de teléfono. Había evitado llamarlo durante todo ese tiempo, demasiado asustado de que el sonido de su voz no fuera a hacer más que aumentar los pinchazos de soledad que sentía cada tanto, manteniéndose escribiendo palabras cuidadosamente elegidas que jamás habrían traicionado su añorante corazón. Cuando finalmente encuentra la tarjeta correcta, las manos de Baekhyun se están sacudiendo con tanta fuerza que deja caer dos veces el teléfono y presiona los dígitos incorrectos una y otra vez, y está tan al borde de la histeria para cuando logra realizar bien la llamada y…

—¡Hola! Habla Park Chanyeol. —Profunda, brillante y alegre, tal como siempre; tal como la recuerda, después de todo ese tiempo. Se hace un largo y pesado silencio mientras Baekhyun termina de asimilar el sonido, y puede escuchar a Chanyeol toqueteando el cable del teléfono en el otro extremo. —¿Hola? ¿Hay alguien ahí?

—Chanyeol.

—¿Baekhyun? ¿Estás bien? ¿Qué ocu…? —Puede escuchar la preocupación en su voz y se ahoga, cerrando fuertemente los ojos mientras el primer sollozo toma control de su cuerpo, y un agudo gemido es el único sonido que consigue articular con su cerrada garganta. —¿Baekhyun? ¿Estás llorando? Oh no, no…

—¡… Idiota! ¡Estúpido, puto idiota! —Baekhyun prácticamente brama hacia el receptor, pateando la pila de libros cerca de su cama, observando a la columna colapsar y caer, sin apenas sentir el dolor en sus pies. —¿Por qué no me lo dijiste, Chanyeol? Por qué me ocultaste esto… ¿por qué, por qué no me di cuenta?

Se hace un ovillo en el suelo, con el teléfono presionado contra su oreja y los nudillos blancos mientras se sujeta con fuerza al aparato, llorando en sus rodillas mientras suelta una y otra y otra vez mil susurros de lo siento y te amo, y Chanyeol permanece con él, escuchándolo en silencio a millas y millas de distancia mientras él ruega impotente por su perdón.





Dejaron de enviarse cartas desde esa noche. Baekhyun llamaba a Chanyeol cada tarde durante la cena, poniéndolo en altavoz, y escuchaba al otro parlotear sobre lo que había hecho aquel día mientras se comía sus fideos, disfrutando del sonido de la voz de Chanyeol reverberando por la habitación mientras bromeaba y preguntaba y reía. Hablaban sobre todo tipo de cosas, usualmente sobre cómo se estaba adaptando Chanyeol, a veces acerca del trabajo de Baekhyun, quien siempre notaba cómo Kyungsoo se escabullía fuera de la cocina, con el bol y los palillos en mano, para darles algo de tiempo a solas.

Baekhyun le hace un día un gesto para que se acerque cuando lo ve escurriéndose de nuevo, palmeando la silla a su lado y gesticulándole a su compañero de habitación para que se le una. Kyungsoo aún está parpadeando con confusión cuando se deja caer en el asiento, apoyando su bol de ramen en la mesa.

—Chanyeol-ah —llama Baekhyun por el teléfono, y Kyungsoo contempla inexpresivo el aparato—, éste es Kyungsoo, mi compañero. Es estudiante de canto, y mi junior.

—Oooh, ¡hola, Kyungsoo-ssi! —suena felizmente el teléfono cuando un emocionado Chanyeol lo saluda con entusiasmo, y Baekhyun suelta una risita al ver a su amigo congelado ante el súbito estallido de energía. Le da un pequeño codazo a Kyungsoo y consigue hacerlo cantar una de sus obras para Chanyeol a través del teléfono, y al final Chanyeol aplaude con fuerza, rebosante de cumplidos—. ¡Cantas incluso mejor que Baekhyunnie!

—Lo hace, ¿no es así? —Baekhyun palmea a su junior en la cabeza antes de recoger los tazones vacíos de él y su amigo, y Kyungsoo se sonroja con vergüenza. —Tengo que ir a lavar los platos. Te llamaré de nuevo más tarde, ¿de acuerdo?

Kyungsoo está a punto de levantarse para ir a ayudar a Baekhyun con los platos cuando escucha la voz de Chanyeol proviniendo del teléfono otra vez, mucho más suave que antes, y se vuelve a sentar, escuchando.

—¿Kyungsoo-ssi?

—¿Sí?

—Tal vez nunca te pueda ver en persona, pero… —Puede escuchar la voz de Chanyeol dudando, bajando el volumen hasta ser un susurro que Baekhyun no pueda oír. —Sólo quería agradecerte por cuidar de Baekhyun.

» Gracias por ser su amigo.

Kyungsoo se da cuenta que está siendo sincero, y sonríe mientras levanta el teléfono, desactivando el altavoz para poder irse a otro cuarto, donde su compañero de habitación no podrá escucharlos.

—¿Chanyeol-ssi?

—¿Sí?

—Baekhyun-hyung no lo dice a menudo —susurra Kyungsoo, oyendo el sonido del agua corriendo en la cocina—, pero realmente, realmente te ama.

Chanyeol se queda en silencio, y Kyungsoo continúa.

—Mucho. Y está trabajando muy duro ahora, así que tienes que confiar en él y cuidar de ti también.

Se pregunta si habrá dicho algo innecesario cuando Chanyeol vuelve a hablar, tan bajo que casi no lo oye.

—Kyungsoo-ssi —comienza, y el otro está seguro de que puede escucharlo reír y sollozar, respirando irregularmente mientras intenta dejar salir las palabras—. Gracias.

» Muchas, muchas gracias.





Baekhyun pasa el año y medio restante traduciendo y traduciendo, sin descanso, el idioma de una estrella solitaria salida de su órbita, con su otra mitad perdida. El centro de su corazón eclipsado, sumergido salvajemente en la oscuridad.

Traduciendo desesperadamente para que su Chanyeol pueda ver, a través de las notas y armonías, sus amadas galaxias y constelaciones nuevamente.

Lo había llamado la noche anterior, después de su ceremonia de graduación, sentado en el suelo y rodeado de cajas empacadas con libros, partituras y ropa, todas selladas y etiquetadas y listas para mudarse, con su certificado de licenciatura sobresaliendo de su mochila, guardado junto a las pilas de cartas que Chanyeol le había enviado, descansando al pie de su cama. Había obtenido ofertas de trabajo y tarjetas de empleadores potenciales y las había guardado a salvo en su billetera, aún sin estar muy seguro de cómo iba a responder. Pero sabía lo único que tenía que hacer, que quería hacer, y sonrió con cariño ante el vivaz saludo de Chanyeol cuando éste lo atendió al tercer tono.

—¡Hey Baekhyunnie!

—¿Chanyeol?

—¿Mmm?

—Regreso a casa.





Había nacido en un pueblo marítimo, y Byun Baekhyun mira con nostalgia a través de la ventana del tren mientras el paisaje de su niñez pasa delante de sus ojos una vez más, recordando los años que pasó en aquellas colinas y costas, bajo el interminable cielo azul.

Todo lo que tiene consigo es su mochila y una gorra que eligió para Chanyeol en su regreso, vestido simplemente con zapatillas y jeans y su propia y cómoda sudadera negra. Divisa a Chanyeol esperándolo en un banco afuera de la estación, sentado pacientemente, jugueteando con su bastón blanco y con su cabello castaño revoloteando, despeinado, con la brisa.

Baekhyun llama su nombre y Chanyeol reconoce su voz inmediatamente, saltando con sorpresa, volteándose en la dirección en la que Baekhyun estaba, y saludando con la mano.

—¡Llegas tarde! —acusa bromista, y Baekhyun se ríe, caminando hacia él.

—Me contaste antes, ¿no? —Baekhyun respira mientras se detiene frente a su viejo amigo, su amado, su estrella primaria. —Sobre tu estrella favorita.

—¿Qué pasa con ella? —pregunta Chanyeol curioso, con el cielo despejado reflejado dolorosamente en sus invidentes ojos.

Baekhyun mete la mano en un bolsillo y extrae una hoja de papel doblada, con sus plegadas líneas prominentes, rasgada en los bordes por haber sido doblada y desdoblada incontables veces, desgastada hasta un punto cercano a la desintegración. Toma la mano izquierda de Chanyeol y presiona el papel en su palma, dibujando con el dedo índice la forma de la constelación de Virgo en su antebrazo y terminando con su más brillante estrella, Spica.

Oye a Chanyeol tomar un profundo, lento aliento mientras las piezas encajan en su mente, recordando las palabras exactas que le había dicho a Baekhyun cuando aún eran unos adolescentes: «… Dos estrellas que orbitan alrededor de un centro de gravedad en común para formar un todo singular». Y Chanyeol no sabe bien cómo reaccionar, parado allí inútilmente, inmóvil mientras abre y cierra la boca y trata de formar frases coherentes en su cerebro.

—Te he extrañado. —Baekhyun suspira mientras da un paso hacia adelante, enterrando su nariz en el espacio que había sido siempre suyo, y sólo suyo. —Chanyeol.

» Y todavía soy muy pequeño como para cargarte. —Ríe, con el rostro presionado contra aquellas familiares clavículas y sus ojos cerrados, disfrutando la calidez del hogareño abrazo de Chanyeol; las manos de éste se habían movido instintivamente para rodear la cintura de Baekhyun, a pesar de su temporal congelamiento intelectual. —Pero siempre podemos caminar juntos.

—T-tengo miedo, Baekhyun. —Las vacilantes palabras salen y Baekhyun asiente, cerrando sus ojos mientras Chanyeol aparta por un momento sus encallecidas y familiares manos y las mueve para recorrerle el rostro, dejándolas en su cuello.

—También yo, Chanyeol, y tampoco sé qué hacer. Pero estaremos bien —susurra Baekhyun tranquilizadoramente en su oído, frotándole la espalda con las manos y tratando de reconfortar a Chanyeol, mientras éste se ahoga y gimotea y se aferra a él, como si el abrazarlo más fuerte fuera a compensarlo por todo el tiempo perdido.

Chanyeol asiente, aún sollozando mientras Baekhyun, sonriendo, le quita de su firme agarre el bastón blanco y lo reemplaza con su mano propia. Curva los largos dedos de Chanyeol sobre los suyos y se sujeta a su brazo, riendo animadamente cuando una brisa particularmente fría causa que Chanyeol estornude. Y caminan juntos, uno al lado del otro, con sus pasos sincronizándose naturalmente como solían hacer en incontables ocasiones, todos aquellos años anteriores.



Tags: baekhyun, baekyeol, chanyeol, oneshot, romance, spica
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