Drake (drake15) wrote,
Drake
drake15

I can’t wait for you to shut me up

No permito que mis traducciones sean publicadas en ninguna otra página, así que por favor no las utilices ni las adaptes.



(Masterlist)

Nuevo fanfic! Ah no se lo esperaban (?)
Es cortito, tiene poco más de 2000 palabras, así que decidí traducirlo y publicarlo hoy mismo. El pairing aquí es Suchen, en un universo donde las personas tienen esclavos sexuales.
No hay escenas de zepzo zarbáheh, pero sí hay insinuaciones y palabras sexuales, así que si no tienes 18 te vas ya mismo de aquí. (?)

Para terminar les dejaré el link a mi Twitter y el link a mi Tumblr. Espero que les guste! Porfas comenten o compartan con sus amigos en ese caso. ^_^

Bueno ya, eso es todo. Que lo disfruten! :D


Título: I can't wait for you to shut me up (No puedo esperar a que me calles)
Autora: umberela
Historia en inglés: clickeando aquí
Género: Smut
Idioma original: inglés
Traductor: Drake15
Palabras: ~2270
Advertencias: Insinuaciones sexuales, insinuaciones de BDSM.







I can't wait for you to shut me up


—Está fuera de control —dijo Lord Grant—, y francamente, Lord Suho, es vergonzoso para alguien de su estatus.

Suho en verdad, realmente, necesitaba dejar de llevar a Chen a aquellas fiestas hasta que estuviera absolutamente seguro de que se fuera a comportar, reflexionó con amargura mientras observaba el aburrido rostro de su juguete. Chen se comportaba excelente en casa ahora, pero afuera era aún bastante impredecible. No había tenido ningún tipo de incidente en público por más de un mes, manteniéndose las opiniones para sí mismo (a menudo con demasiada mala gana, pero aún así lo hacía), así que Suho debió haber sabido que estaba más que atrasado para tener alguna clase de estallido.

También debió haber sabido que una reunión a la que asistiera un pomposo viejo verde como Lord Grant era una a la que él no debería ir para nada. Si creía que Chen estaba fuera de control ahora, pues qué bien que no había tenido un encontronazo con él varios meses atrás.

—Además, es un poco desconcertante, ¿no cree? ¿Qué dice eso de sus aptitudes como maestro si actúa así? Es su primer juguete, ¿no? —Lord Grant se acarició la rala barba, echándole un vistazo a Chen, pensativo. Detrás de él, visible alrededor de su amplio estómago, estaba su juguete: una pequeña chica vestida de rosa, con un moño a juego en el castaño cabello. Parecía bastante tímida. Si esa era la clase de juguetes que el hombre prefería, entonces no era sorpresa que tuviera tantos problemas con Chen.

Suho le dio una mirada a éste, más fríamente de como se sentía en realidad. Lucía adorable aquella noche, con el torso desnudo como era usual y unos ajustados pantalones de cuero que se ceñían a sus pies, con unos cordones dorados sobre su entrepierna. Habían sido hechos a medida para él por alguien que Kris le había sugerido. Su cabello había crecido un poco en los últimos meses y las puntas se le curvaban levemente, cayendo estilizadas sobre su rostro sin ocultarle del todo los ojos, los cuales estaban perfilados con una gruesa capa de kohl. La gente había estado lanzándole varias miradas de admiración.

Chen lo atrapó mirándolo y parpadeó, fingiendo inocencia. Suho entornó los ojos hacia él mientras decía:

—Sí, es mi primer juguete. —Sintió un sermón aproximándose y trató de prepararse para él; trató de imaginar que Lord Grant era una mosca extra grande, zumbando de forma molesta.

Lord Grant suspiró.

—Es adorable, pero no creo que sea una buena pareja para usted, Lord Suho. Probablemente habría estado mejor si hubiera conseguido un juguete bien entrenado. —Dio un paso hacia Chen, observando su estúpida, totalmente impertinente cara. Chen arrugó la nariz y se separó un poco. —Aún así es salvaje. Lo cual puede ser tentador, lo sé, pero alguien como usted no tiene lo que hace falta para tan vivaz juguete.

—¿Alguien como yo? —repitió Suho, frunciendo el ceño—. Con el debido respeto, soy un general. Entreno hombres todo el tiempo. —Entrenar hombres para ser soldados y entrenar juguetes eran dos cosas muy diferentes, pero Suho sabía que aquel hombre no sabía nada sobre ninguna de las dos cosas. Había comprado su juguete roto.

Lord Grand agitó la mano distraídamente.

—Es distinto; los juguetes son distintos. Necesitan cierto toque, necesitan ser complacidos pero no mimados. Perdóneme, Lord Suho, pero creo que su evidente inexperiencia no le hace justicia a su juguete para nada.

Suho se ruborizó, pero se mordió la lengua para no discutir. Sabía que la gente debía pensar que él no era bueno en la cama, que Chen se comportaba mal no sólo porque Suho no era firme con él, sino porque tampoco satisfacía a su nueva adquisición en ese aspecto. Había oído el rumor por doquier, había escuchado los susurros, pero aquella era la primera vez que alguien había tenido el descaro de insinuarlo justo frente a su cara.

Chen tenía una expresión shockeada, y su labio estaba curvado con disgusto.

—Oye, sapo viejo y horrible, mi maestro tiene un pene hermoso y gordo y sabe perfectamente bien cómo usarlo.

Suho volteó con rapidez la cabeza para poderlo mirar, con la boca abierta. Luego se ruborizó con más intensidad. Chen había hablado fuerte, y la gente se había detenido para verlo. Creyó escuchar a una mujer detrás de él susurrar «Lo sabía».

—Chen —dijo Suho con voz ronca, pero antes de que pudiera pensar en qué más decir, Chen ya estaba continuando, mirando directo hacia un pasmado Lord Grant.

—Me sorprende que puedas siquiera encontrar tu pequeño pito bajo toda esa grasa. ¿Cómo complaces a tu juguete cuando eres tan perezoso que ni siquiera vas a buscarte tu propio ponche? La pobrecita luce como si ni supiera lo que es un orgasmo…

Suho casi chilla del horror. Con dos zancadas ya se encontraba al lado de Chen, deslizando un dedo por atrás de su collar y jalando, y eso logró callarlo con éxito. Dio otro tirón y Chen cayó de rodillas con un pequeño gemido pero, gracias al cielo, no dijo nada más.

Lord Grant estaba abriendo y cerrando la boca como un pez dorado, poniéndose cada vez más rojo, y Suho intervino antes de que pudiera hallar las palabras.

—Lo lamento; lo lamento tanto, tanto. Tiene razón, necesita disciplina aún; voy a llevarlo a casa y a disciplinarlo en profundidad. —Deslizó otro dedo bajo el collar de Chen y jaló con cuidado hacia atrás, haciendo que Chen se arqueara en una muestra de sumisión.

Lord Grant aún estaba haciendo su imitación de un pez dorado cuando Chanyeol se materializó de entre la multitud, precipitándose para llevar a Lord Grant hacia otra parte. Suho lo oyó disculparse por el insulto, parloteando acerca de cómo Suho era un muy buen amigo suyo, así que por favor que lo perdone. Suho gruñó, cerrando con fuerza los ojos.

Cuando los abrió otra vez Kris estaba allí, ataviado con un traje color ébano que lo hacía lucir muy esbelto, sin una sola pelusa a la vista. Detrás de él estaba Tao, con una suelta bata de un color púrpura oscuro. Combinaba con el moretón en su pómulo y las negras manchas alrededor de su cuello.

—Aquello no fue bueno —dijo Kris simplemente. Bajó la vista hacia Chen—. Y te habías estado portando tan bien.

—Progreso es progreso —respondió Suho con firmeza—. Incluso si es lento.

Kris se encogió de hombros.

—Al menos la gente de la corte ahora sabe que tienes un pene hermoso. —Detrás de Kris, los ojos de Tao se posaron en la entrepierna de Suho, y éste sintió que su rubor regresaba. —¿Confío en que lo llevarás a casa ahora? ¿Para ocuparte de esto adecuadamente?

—Definitivamente —murmuró Suho. Chen tragó al oir su tono de voz.

—Bien. —Kris lució satisfecho. —Se debe encargar con rapidez de un juguete cuando éste erra. El mío sería escarmentado inmediata e intensamente. —Como si Suho no supiera ya eso; lo había estado haciendo cada vez que Chen se había ido de boca.

En un momento de exasperada irritabilidad, y antes de poderlo pensar mejor, Suho preguntó:

—¿Por eso es que Tao siempre está cubierto de moretones?

Los ojos de Kris se ensancharon y parpadeó con sorpresa. Suho estaba a punto de disculparse por haberlo dicho (honestamente, ¿qué le pasaba esa noche?), pero entonces Kris inclinó su cabeza hacia atrás y rió. Le tomó unos momentos detenerse, y Suho se volvía progresivamente más rojo conforme los segundos pasaban.

Cuando Kris recuperó la compostura, se volteó hacia Tao, gesticulando para que su juguete se acercara. Tao avanzó hacia su maestro con la vista fija en el suelo.

—Dile a Lord Suho —dijo gentilmente Kris— por qué siempre estás cubierto de moretones.

La respiración de Tao se entrecortó, y su rostro se volvió de un tono más rosado.

—Maestro, yo…

Kris le pasó un dedo por la mejilla, por encima del moretón, y Tao tembló.

—Míralo.

Tao lo hizo, encontrándose con los ojos de Suho, y pareció algo mortificado al admitir con suavidad:

—Siempre estoy herido porque me gusta cuando… cuando mi maestro me golpea, me lastima.

Suho parpadeó. Chen profirió un extraño ruido confuso. Kris lució complacido mientras le daba con ternura un beso en la mejilla a su juguete, murmurando «Buen chico». Tao se sonrojó pero sonrió por el cumplido, volviendo a mirar hacia el suelo mientras retrocedía.

Tomó unos instantes para que el cerebro de Suho dejara de lanzarle imágenes que jamás quiso de Kris y Tao y volviera a concentrarse. En verdad aquello explicaba muchas cosas, y era bueno saber que Kris no andaba golpeando a Tao sólo por diversión, pero aún así.

—Creo que ya nos iremos para casa —murmuró Suho con voz ronca.

Los labios de Kris se crisparon.

—¿Te he avergonzado? Mis disculpas. —No sonaba ni remotamente arrepentido. —Ve —añadió con una sacudida de la mano—, ocúpate de tu juguete.

Suho tiró del collar de Chen y se lo llevó. Se pasó una mano por el rostro, como si eso fuera a quitarle el rubor de las mejillas. Una vez que estuvieron afuera esperando a que su transporte llegara, Chen comenzó a retorcerse un poco, tratando de hacer que Suho soltara su collar. Él le respondió deslizando un tercer dedo bajo el borde, lo cual tensó el cuero en su garganta, e inmediatamente se quedó inmóvil.

El carruaje de Suho era cómodo, aunque para nada ostentoso. El conductor frenó frente a ellos, y el criado se apeó para abrir la puerta. Suho le soltó el collar a Chen para meterlo al transporte antes que él. La puerta se cerró luego de que se hubiera subido detrás de Chen, sumergiéndolos en una semi-oscuridad.

Suho se quedó en silencio mientras el carruaje comenzaba a moverse, avanzando dificultosamente por las calles adoquinadas. Chen estaba sentado frente a él, contra un rincón, luciendo expectante y desafiante. Finalmente, suspiró.

—Acabas de avergonzarme frente a la mitad de la corte; sabes eso, ¿no? —Los labios de Chen se fruncieron con infelicidad, y se cruzó de brazos. Suho suspiró nuevamente. —¿Qué voy a hacer contigo?

Chen se hundió en el asiento, mirando hacia la pared del carruaje ligeramente a la izquierda del rostro de Suho. Murmuró algo pero, con el sonido del vehículo tapándolo, Suho no pudo entender qué.

—Habla más fuerte —ladró.

—Dije —gruñó Chen, aún casi con mucha suavidad como para que Suho pudiera oírlo— que me gusta la forma en la que me follas, y no quiero… no quería que aquel estúpido gordo te hablara de esa forma, porque está equivocado. —Era difícil saberlo bajo la tenue luz, pero Suho creía que las mejillas de Chen se estaban tornando rojas.

Un calor brotó en el estómago de Suho ante el honesto elogio, y luchó para contener una sonrisa; la vergüenza e irritación se estaban derritiendo mientras recordaba exactamente lo que Chen había dicho en la fiesta.

—Dijiste —murmuró— que yo tenía un… ¿cómo era?

Chen se cubrió la cara con las manos.

—No lo diré de nuevo.

Suho se cambió de asiento y se sentó junto a él, quien intentó moverse pero no tenía ningún lugar al que ir.

—Dijiste algo sobre mi pene.

—No, no lo hice —masculló Chen desde atrás de sus manos. Estaba definitivamente rojo ahora; Suho no podía verle el rostro pero sus orejas estaban escarlatas.

Extendió el brazo, tirando de las manos de Chen para quitárselas del rostro con una mano, y sujetándole la mandíbula, forzándolo a mirarlo, con la otra. Estaba siendo un poco rudo, y Chen gimoteó.

—Dilo —le ordenó Suho, con sus dedos presionándole la mandíbula. Chen dejó salir un gemido bajo.

—Dije —murmuró, mortificado— que tienes un pene hermoso y gordo y q-que sabes… sabes cómo usarlo.

Suho no pudo detener la sonrisa que se extendió por su rostro, y el otro lo miró con amargura detrás de su rubor.

—Creo que quiero follar tu beligerante boca con mi hermoso pene gordo —dijo Suho, y su juguete hizo un pequeño ruidito, dejando caer la mandíbula y bajando los párpados—. ¿Eso te gustaría? —Chen cerró los ojos y asintió. —No has sido muy bueno —musitó luego—. Primero le contestas a Lord Grant mientras yo no estoy allí, y luego contestas peor y me avergüenzas en el proceso.

—Es estúpido y gordo, y tiene un pito pequeño; escuché a su juguete hablando sobre ello. No debió haberte hablado así. Además… —Chen se deslizó de su asiento, arrodillándose en el suelo del carruaje. — Te gustó lo que dije sobre ti.

Suho le abofeteó las manos, que se estaban acercando a los cordones de sus pantalones. No podía negar que le había gustado, por más que fuera vergonzoso. Ya estaba a medio camino de tener una erección, y Chen lo había notado.

—Eso no cambia el hecho de que fuiste malo, y no deberías haberlo dicho, ni nada más, si vamos al caso. —Chen estaba mirando con petulancia la entrepierna de su amo, mordiéndose el labio inferior. Suho se movió impulsando hacia adelante su cadera y la boca de Chen se abrió un poco; su labio inferior brillaba. —No irás esta noche, no después del espectáculo que montaste —dijo, y Chen hizo un ruidito necesitado con la garganta, levantando la cara para verlo. Suho estiró un brazo, frotándole el labio con su pulgar—. Pero si hoy te portas bien, te devolveré el favor y mañana por la mañana te la chuparé. ¿Podrás hacerlo por mí? ¿Te portarás bien esta noche?

—Sí —suspiró Chen—; puedo ser bueno para ti, amo, Suho, déjame demostrártelo. —Y esa vez, cuando extendió la mano para deshacerle los cordones de los pantalones, Suho lo dejó.
Tags: chen, oneshot, smut, suchen, suho
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